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Carta a los empresariosCardenal Fernando Chomali
Recuperando su punto de lectura…
Carta a los empresarios

I. Introducción

Página 3 del PDF original

I. INTRODUCCIÓN

Cada época parece estar marcada por una gran pregunta. La que hoy nos convoca tiene relación con el futuro de la humanidad y la gran responsabilidad que recae sobre nosotros. La interrogante ya no es qué sociedad vamos a dejar a las futuras generaciones, sino esta: ¿qué generación vamos a dejar a la sociedad futura? Para responderla, será necesario indagar: cuáles son sus ideales y qué los moviliza en la vida, y a su vez, el mundo empresarial deberá preguntarse de qué manera se está haciendo cargo de este cambio de época tan acelerado.

Dados los nuevos contextos, no sólo hemos de dialogar con total honestidad, sino que debemos estar realmente dispuestos a tomar aquellas decisiones que nos conduzcan a ser constructores de una sociedad más justa, más humana. Aquella que se inspira en lo que la tradición bíblica llamó la Jerusalén celeste (Ap 21). En efecto, como enseña el Magisterio de la Iglesia: «La perfección de toda sociedad está en buscar y conseguir aquello para lo que fue instituida, de modo que la misma causa que originó la sociedad sea causa de los movimientos y actos sociales»1. Es del todo pertinente preguntar si los empresarios han asumido esta inmensa responsabilidad que recae sobre ellos, para lograr mayor justicia y humanidad en la sociedad. Por eso es bueno recordar que el ser humano –a través de su actividad en el mundo– participa de la obra de Dios como cocreador y, por tanto, el trabajo tiene una dimensión personal, familiar, social y espiritual.

Esta carta surge después de años de reflexión sobre lo que supone ser humano. En palabras de León XIV: qué significa nuestra magnífica humanidad, y cómo vivir en sociedad de acuerdo con esa identidad fundamental y de un modo tal, que cada cual pueda hacerlo en plenitud. Este año he escrito a los profesores, a las familias, a los jóvenes, y a los padres y apoderados. Ahora llega el momento de extender la invitación a ustedes –pequeños, medianos y grandes empresarios– para hacer ese mismo ejercicio y responder las mismas preguntas desde lo más profundo de sus convicciones: ¿qué tipo de sociedad queremos construir a través de nuestra acción empresarial?, ¿qué actitud vamos a tomar frente a los cambios

1 León XIII, Rerum Novarum, 22

vertiginosos que trae la tecnología? Y, finalmente, cada uno deberá pensar si es plenamente consciente de ser un agente decisivo para lograr un mundo mejor y de la inmensa responsabilidad que posee de cara al futuro.

Las empresas privadas son la fuente principal del desarrollo económico del país y, donde se genera la mayor cantidad de empleos. De ellas surgen los impuestos para financiar los bienes públicos y el gasto social que beneficia a los más pobres. Por esa razón, dichas interrogantes son especialmente pertinentes para ustedes, porque involucran directamente el futuro del país. Ellas son previas a discusiones sobre qué y cuánto se quiere producir, qué servicio se quiere prestar o qué estrategia comercial se necesitará para lograrlo.

Debemos ir hacia los fundamentos antropológicos, que mueven toda acción y toda ética, es decir, hacia lo más originario, porque a partir de su examen y análisis podremos responder adecuadamente a todo lo demás.

Quisiera que esta carta fuese leída de manera especial por quienes hoy emprenden. Muchos de ustedes están dando forma a una idea, se encuentran liderando equipos pequeños, o están comenzando con recursos limitados y asumiendo grandes riesgos. Precisamente por eso, tienen una oportunidad extraordinaria: construir desde el inicio una cultura donde las personas implicadas en la empresa no sean consideradas como un recurso más, sino como el centro mismo del proyecto. Las empresas no son de suyo auténticamente humanas por el solo hecho de ser pequeñas, ni dejan de serlo cuando crecen. Su calidad humana dependerá siempre de las convicciones con que fueron concebidas y del modo en que quienes las dirigen entienden su responsabilidad de cara al bien común. Esas convicciones siempre deben estar ligadas al bien de cada persona –trabajadores, accionistas, clientes, funcionarios del Estado– y el entorno.

Una reflexión serena y profunda, iluminada por la fe cristiana y por el Magisterio de la Iglesia que de ella emana, contribuirá decisivamente a ennoblecer el trabajo de todas las personas de buena voluntad que participan en el mundo de la empresa, sea esta pequeña, mediana o grande. Esa convicción me ha animado a compartir con ustedes algunas ideas que considero fundamentales para comprender el quehacer empresarial. Quiero invitarlos a reflexionar juntos sobre el rol y la gran responsabilidad que tienen los empresarios en nuestro país. No pierdo la esperanza de que este documento les haga sentido, lo distribuyan a sus colaboradores y sea motivo de encuentros a todo nivel.

Sobre esta lectura

Cardenal Fernando Chomali · Agosto de 2026. Texto del PDF original conservado en esta biblioteca, organizado en secciones para facilitar la lectura. Se mantienen el contenido y las notas; se retiran únicamente elementos repetidos de paginación. Consulte el PDF original para su composición gráfica.

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