Permanecer para dar fruto
jueves, 15 de octubre de 2026
Juan 15, 1-8
Tramo 3 de 3
La promesa dirigida a quienes permanecen y piden debe escucharse dentro de esta amistad. Unidos a Cristo, nuestros deseos van aprendiendo su amor. La oración puede transformar lo que pedimos y enseñarnos a confiar cuando la respuesta tarda o toma un camino inesperado. El Padre recibe nuestra súplica; nosotros aprendemos a recibir su voluntad sin dejar de presentarle con sencillez cuanto necesitamos.
Hoy podríamos reservar un momento concreto, aunque sea breve, para estar con Jesús. Leamos despacio el Evangelio y hablemos con Él sobre una relación que necesita cuidado. Después demos a esa oración una continuidad visible: una reconciliación posible, un servicio doméstico asumido con alegría o un tiempo de escucha para alguien cercano. Así la vida interior y la caridad comienzan a alimentarse mutuamente.
Cristo, muerto y resucitado, sigue comunicando su vida a la Iglesia. En Él nuestro esfuerzo encuentra una fuente que no se agota. Con santa Teresa pidamos la gracia de volver cada día a esa amistad y de permanecer también cuando no sentimos consuelo. El Padre sabrá hacer madurar el fruto de un corazón que se deja amar.
Sobre la palabra griega
μείνατε (meínate): Imperativo, segunda persona plural: Jesús dirige a sus discípulos la invitación a permanecer.
Oración
Jesús, vid verdadera, mantennos unidos a ti. Que tu Espíritu rece en nuestra pobreza y que tu Palabra renueve nuestros deseos. Con santa Teresa, enséñanos a vivir tu amistad y a dar frutos de amor en la vida diaria. Amén.
Lecturas de este día