Santos Apóstoles · Kindle

Libro I · Capítulo 16

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 2

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1. ¡Maldito seas, oh río de las costumbres humanas, pues nadie te puede resistir! ¿Cuándo te secarás? ¿Hasta cuándo seguirás arrastrando a los pobres hijos de Eva hacia mares inmensos y tormentosos en los que apenas pueden navegar los que se suben a un leño? ¿No he leído yo acaso en ti que Júpiter truena en el cielo pero es adúltero sobre la tierra? Ambas cosas son incompatibles, pero él las hizo; y con la alcahuetería de truenos falsos dio autoridad a quienes lo imitaran en un adulterio verdadero. ¿Y cuál de aquellos maestros más insignes soportaría sin impaciencia que un hombre de su misma condición dijese que Homero en sus ficciones transfería a los dioses los vicios humanos en vez de traspasar a los hombres cualidades divinas?

Aunque mayor verdad habría de decir que él en sus ficciones atribuía cualidades divinas a hombres viciosos; con lo cual los vicios quedaban cohonestados, y quien los tuviera podía pensar que imitaba no a hombres depravados, sino a celestes deidades.

2. Y sin embargo, ¡oh río infernal! En tus ondas se revuelven los hijos de los hombres en pos de la ganancia; y en mucho se tiene el que las leyendas homéricas se representen en el Foro, bajo el amparo de leyes que les conceden crecidos estipendios. Y haces, oh río, sonar tus piedras, diciendo: “Aquí se aprende el arte de la palabra, aquí se adquiere la elocuencia tan necesaria para explicar las cosas y persuadir los ánimos”.

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