Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 6

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 4

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1. Entonces fui a dar entre hombres de una soberbia delirante , muy carnales y excesivamente locuaces en cuya boca se mezclaban en diabólico mejunje las voces de tu nombre, del de tu Hijo Jesucristo y las del Espíritu Santo. Estos nombres no se les caían de la boca, pero no eran sino sonido puro, modulación de la lengua, pues su corazón estaba árido y vacío. “¡Verdad, verdad!”, gritaban siempre y a mí me lo dijeron muchas veces, pero no había en ellos verdad ninguna. Decían cosas aberrantes no tan sólo de ti que eres la verdad , sino también de los elementos de este mundo que tú creaste. Debí dejar de lado a filósofos que no todo lo equivocaban y lo hice por amor a ti, Padre mío, Sumo Bien, hermosura ante quien palidece toda hermosura. ¡Oh verdad, verdad purísima! ¡Con cuánta violencia suspiraban por ti mis entrañas cuando ellos me hablaban de ti con sola la voz, en muchos y voluminosos libros! Eran bocados en los que se ofrecían a mi hambre y mi sed de ti el sol y la luna, obras tuyas ciertamente hermosas, pero que no son tú y, ni siquiera las primeras entre tus obras, ya que creaste primero los seres espirituales y sólo enseguida los corporales. Hermosos como éstos pueden ser, no son los que primero pusiste en el ser.

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