Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 8

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 4

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1. ¿Hay por ventura un tiempo o un lugar en que sea o haya sido injusto amar a Dios con todo el corazón, con todas las fuerzas y con toda el alma y al prójimo como a uno mismo?

De manera semejante, las torpezas que van contra natura, como las de los sodomitas, han de ser siempre aborrecidas y castigadas. Y aun cuando todos los pueblos se comportaran como ellos, la universalidad del delito no los justificaría; serían todos ellos reos de la misma culpa ante el juicio de Dios, que no creó a los hombres para que de tal modo se comportaran. Se arruina y se destruye la sociedad, el trato que con Dios debemos tener cuando por la perversidad de la concupiscencia se mancilla esa naturaleza cuyo autor es él mismo.

Pero cuando se trata de costumbres humanas los delitos han de evitarse conforme a la diversidad de esas costumbres; de manera que ningún ciudadano o extranjero viole según el propio antojo lo que la ciudad ha pactado con otros pueblos o que está en vigor con la firmeza de la ley o de la costumbre. Siempre es algo indecoroso la no adecuación de una parte con el todo a que pertenece.

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