Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 8

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 4

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Pero cuando Dios manda algo que no va con la costumbre o con los pactos establecidos hay que hacerlo, aunque nunca antes se haya hecho; hay que instituirlo aunque la institución sea del todo nueva. Pues si un rey puede en su ciudad mandar algo no antes mandado por los anteriores reyes ni por él mismo, la obediencia al nuevo mandamiento no va contra la estructura de la ciudad; es algo universalmente admitido que los ciudadanos han de obedecer a sus reyes. ¡Con cuánta mayor razón se debe a Dios, rey de todas las criaturas, una obediencia firme y sin vacilaciones! Pues así como en las sociedades humanas la potestad mayor se impone ante las potestades menores, así también toda humana potestad debe subordinarse al mandar de Dios.

2. Pero otros delitos hay que se cometen por la voluntad de dañar, sea con afrentas o injurias, o con ambas cosas a la vez; por deseo de vengarse de algún enemigo o con la intención de adquirir algo que no se tiene, como lo hace el ladrón con el viandante; o por evitar algún mal de parte de alguien que inspira temor; o por envidia como la que tiene el mísero para con el que está en mejor situación y en algo ha prosperado; o como la que tiene éste cuando teme que otro le iguale, o se duele porque ya le igualó; o también por el mero placer del mal ajeno, como lo tienen los que van a ver a los gladiadores; o por simple mal ánimo, como el de los que hacen burlas y sarcasmos al prójimo.

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