Libro III · Capítulo 8
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 4 de 4
Es así como por el camino de una piadosa humildad regresamos a ti y tú nos purificas de nuestros malos hábitos y te muestras propicio para los que te confiesan sus pecados, escuchas los gemidos de los que están presos con los pies en los grilletes y nos sueltas de las cadenas que nosotros mismos nos forjamos. Pero esto lo haces sólo cuando ya hemos renunciado a envalentonarnos ante ti con la afirmación de una falsa libertad, con la avaricia de tener más o el temor de perderlo todo, amando así más lo nuestro que a ti, supremo bien de todos.
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