Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 11

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

Con frecuencia he hablado, Señor, de estos recuerdos. Ahora te confieso que más que el sueño mismo con que tú consolabas a una mujer piadosa hundida en el dolor me conmovió el hecho de que ella no se turbara por mi interpretación falsa y caprichosa. Vio de inmediato lo que tenía que ver y que yo no había visto antes de que ella lo dijera. Cuando ella se debatía en la tristeza tú le preanunciaste una grande alegría que no iba a tener sino mucho más tarde.

3. Pues durante nueve largos años seguí revolcándome en aquel hondo lodo de tenebrosa falsedad del que varias veces quise surgir sin conseguirlo. Mientras tanto, ella, viuda casta, sobria y piadosa como a ti te agrada, vivía ya en una alegre esperanza en medio del llanto y los gemidos con que a toda hora te rogaba por mí. Sus plegarias llegaban a tu presencia, pero tú me dejabas todavía volverme y revolverme en la oscuridad.

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