Libro IV · Capítulo 3
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 3 de 3
3. Y como yo le preguntara cómo a veces salen tan bien algunas predicciones de los astrólogos me respondió como pudo que eso es debido a la obra del azar, fuerza difusa por toda la naturaleza. Sucede en ocasiones que de las páginas de algún poeta que canta y pretende una cosa del todo diferente saque quien las consulta a la ventura algún verso que conviene admirablemente con los motivos que dictaron su consulta; no es, entonces, de admirar si alguna vez el alma humana, por un instinto superior y sin saber ella misma lo que le pasa, no por arte alguna sino por mera suerte, produzca una palabra que concuerda con la situación y las preocupaciones del que consulta.
Esto me dijo y tú me lo procuraste por su medio, delineando muy bien en mi memoria lo que había yo después de buscar por mí mismo. Pero entonces ni él ni mi carísimo Nebridio, joven bueno y casto que se burlaba también de aquel modo de adivinación, pudieron persuadirme a abandonar la astrología, pues más que su autoridad pesaba en mí la autoridad de los astrólogos y no habría yo encontrado aún una prueba decisiva de que en sus aciertos no tuviera que ver el arte de consultar a las estrellas, sino puramente el azar.
Siguiente capítuloÚltimo tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.