Santos Apóstoles · Kindle

Libro IV · Capítulo 6

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

1. ¿Por qué hablo de estas cosas, cuando no es tiempo de hacer preguntas sino de confesarme ante ti? Era yo pues bien miserable; que por fuerza lo es el alma que vive presa en la amistad de las cosas mortales y se desgarra cuando las pierde. Es entonces cuando siente la miseria que lo hace miserable desde antes de que las pierda. Así era yo en aquel tiempo: lloraba con inmensa amargura, pero en la amargura misma encontraba descanso. Y tan miserable era, que más aún que a mi dilecto amigo muerto amaba yo mi propia mísera vida; pues aunque hubiera querido cambiar la condición de mi vida, no quería perderla como lo perdí a él. Ni siquiera sé si de veras estaba dispuesto a perderla por él como se cuenta (si no es ficción) de Orestes y Pílades, que querían morir el uno por el otro, pero al mismo tiempo, ya que no vivir juntos era para ellos peor que la muerte. Pero había en mí no sé qué sentimiento del todo contrario a éste. La vida me era insoportable, pero tenía miedo de morir. Creo que mientras más lo amaba a él, más odiaba la muerte que me lo había arrebatado, la odiaba y le temía como a la más atroz enemiga y pensaba que ella acabaría con todos los hombres como había acabado con él. Así era yo entonces, lo recuerdo bien.

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