Libro V · Capítulo 3
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 4
1. Voy a recordar ahora delante de mi Dios aquel año vigésimo noveno de mi vida. Había ya venido a Cartago un cierto obispo de los maniqueos llamado Fausto, que era una verdadera trampa del diablo y a muchos enredaba con el atractivo de su suave elocuencia. Yo, ciertamente, la alababa pero no la confundía con aquella verdad de las cosas de la cual estaba yo tan ávido. Lo que me interesaba no era el hermoso platillo de las palabras, sino lo que pudiera haber de sustanciosa ciencia en la doctrina que el dicho Fausto proponía. Mucho lo había levantado la fama ante mis ojos, como a varón peritísimo en toda clase de honestas disciplinas y especialmente perito en las artes liberales.
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