Santos Apóstoles · Kindle

Libro V · Capítulo 6

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 3 de 3

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3. Pero cuando finalmente pude en compañía de algunos amigos ocupar su atención en tiempo que no parecía importuno, le expuse algunos puntos que me preocupaban. Me di cuenta entonces de que tenía enfrente a un hombre ignorante de las disciplinas liberales con la sola excepción de la gramática, de la cual tenía, por otra parte, un conocimiento muy ordinario. Había leído solamente unas pocas oraciones de Tulio y poquísimos libros de Séneca, algunos libros poéticos y los de su propia secta, cuando sucedía que estuvieran escritos en buen latín. Le ayudaba también el cotidiano ejercicio de hablar, que le daba una fluida elocuencia tanto más seductora cuanto que sabía muy bien gobernar su talento con un donaire natural.

Es así como lo recuerdo. ¿Lo he recordado bien, Señor y Dios mío, árbitro de mi conciencia? Delante de ti pongo mi corazón y mi memoria. Tú me dirigías entonces con secretos movimientos de tu providencia y, poco a poco, ibas poniendo ante mis ojos mis funestos errores, para que los viera y los aborreciera.

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