Santos Apóstoles · Kindle

Libro V · Capítulo 9

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 3 de 3

Letra pequeñaMedianaGrande

3. ¿Cómo podía ser que tú desoyeras y rechazaras las lágrimas de la que no te pedía oro ni plata ni bien alguno volátil sino la salud espiritual de su hijo, que era suyo porque tú se lo habías dado? No, mi Señor. Bien al contrario, le estabas siempre presente y la escuchabas; ibas haciendo según su orden lo que habías predestinado que ibas a hacer. Lejos de mí la idea de que la hubieras engañado en aquellas visiones y en aquellas respuestas que le diste y que ya conmemoré y otras que no he recordado. Palabras tuyas que ella guardaba fielmente en su corazón y que te presentaba en su oración como documentos firmados de tu propia mano. Tanta así es, Señor, tu misericordia, que te dignas ligarte con tus promesas y te conviertes en deudor de la criatura a quien le perdonas todas sus deudas.

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