Santos Apóstoles · Kindle

Libro V · Capítulo 9

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 3

Letra pequeñaMedianaGrande

1. Y he aquí que apenas llegado a Roma me recibe con su flagelo la enfermedad corporal de la malaria. Ya me iba yendo a los infiernos cargando todos los pecados que había cometido contra ti, contra mí mismo y contra los demás; pecados muchos y muy graves, que hacían todavía más pesada la cadena del pecado original con que en Adán morimos todos (1Co 15, 22). Porque nada de Cristo tenía todavía, ni creía que Él había reconciliado con la sangre de su cruz las enemistades que contigo había contraído yo por mis pecados; pues, ¿cómo podía destruirlas aquel fantasma crucificado en que yo entonces creía? Tan falsa como me parecía su muerte corporal era real y verdadera la muerte de mi alma y tan real como fue su muerte corporal así era de falsa la vida de mi alma, pues no creía en aquella. Y como la fiebre se hacía más y más grave, me deslizaba yo rumbo a la muerte. ¿Y a dónde me hubiera ido, de morir entonces, sino a los fuegos y tormentos que mis pecados merecían según el orden que tú tienes establecido? Mi madre ausente ignoraba todo esto, pero me asistía con la presencia de su plegaria y tú, que en todas partes estás, la oías en donde ella estaba y en donde estaba yo tenías misericordia de mí. Por esta misericordia recuperé la salud del cuerpo, aunque mi corazón sacrílego seguía enfermo. Porque viéndome en tan grave peligro no tenía el menor deseo de tu bautismo; mucho mejor era yo cuando de niño le solicitaba a mi madre que se me bautizara: así lo recuerdo y así te lo he confesado.

Capítulo anterior

Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.