Santos Apóstoles · Kindle

Libro V · Capítulo 13

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

1. Fue entonces cuando Símaco, prefecto de Roma, recibió de Milán una solicitud para que enviara allá a un maestro de Retórica, a quien se le ofrecía a costa del erario público todo cuanto necesitara para su traslado. Yo, valiéndome de aquellos amigos míos ebrios de la vanidad maniquea y de los cuales ansiaba yo separarme sin que ni yo ni ellos lo supiéramos, me propuse al prefecto para pronunciar en su presencia una pieza oratoria, para ver si le gustaba y era yo el designado. Lo fui y se me envió a Milán, en donde me recibió tu obispo Ambrosio, renombrado en todo el orbe por sus óptimas cualidades. Era un piadoso siervo tuyo que administraba vigorosamente con su elocuencia la grosura de tu trigo, la alegría de tu óleo y la sobria ebriedad de tu vino. Sin que yo lo supiera me guiabas hacia él para que por su medio llegara yo, sabiéndolo ya, hasta ti. Me acogió paternalmente ese hombre de Dios y con un espíritu plenamente episcopal se alegró de mi viaje.

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