Santos Apóstoles · Kindle

Libro V · Capítulo 13

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

2. Y yo empecé a quererlo y a aceptarlo. Al principio no como a un doctor de la verdad, pues yo desesperaba de encontrarla en tu Iglesia, sino simplemente como a un hombre que era amable conmigo. Con mucha atención lo escuchaba en sus discursos al pueblo; no con la buena intención con que hubiera debido, sino para observar su elocuencia y ver si correspondía a su fama, si era mayor o menor de lo que de él se decía. Yo lo escuchaba suspenso, pero sin la menor curiosidad ni interés por el contenido de lo que predicaba. Me deleitaba la suavidad de su palabra, que era la de un hombre mucho más docto que Fausto, aunque no tan ameno ni seductor en el modo de decir. Pero en cuanto al contenido de lo que el uno y el otro decían no había comparación posible. Fausto erraba con todas las falacias del maniqueísmo, mientras que Ambrosio hablaba de la salvación de manera muy saludable. La salvación, empero, está siempre lejos de los pecadores como lo era yo entonces y, sin embargo, se acercaba a mí sin que yo lo supiera.

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