Santos Apóstoles · Kindle

Libro V · Capítulo 14

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

Me apliqué entonces con todas mis fuerzas a investigar si había algunos documentos ciertos en los cuales pudiera yo encontrar un argumento decisivo contra la falsedad de los maniqueos. Pensé que si llegaba yo a concebir una sustancia espiritual con sólo eso quedarían desarmadas sus maquinaciones y yo las rechazaría definitivamente. Pero no podía conseguirlo.

Considerando sin embargo, con una atención cada vez mayor lo que del mundo y su naturaleza conocemos por los sentidos y comparando las diferentes sentencias llegué a la conclusión de que eran mucho más probables las explicaciones de varios otros filósofos. Y entonces, dudando de todo, como es según se dice, el modo de los académicos y fluctuando entre nubes de incertidumbre decidí que mientras durara mi dubitación, en ese tiempo en que les anteponía yo a otros filósofos, no podía ya de cierto seguir con los maniqueos. Pero aún a tales filósofos me negaba yo a confiarles la salud de mi alma, pues andaba aún bien lejos de la doctrina saludable de Cristo. En consecuencia resolví quedarme como catecúmeno en la Iglesia católica, la que mis padres me habían recomendado, mientras no brillara a mis ojos alguna luz cuya certeza me diera seguridad.

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