Santos Apóstoles · Kindle

Libro VI · Capítulo 1

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 3 de 3

Letra pequeñaMedianaGrande

Esto fue lo que me dijo a mí; pero a ti te pedía con ardientes preces y lágrimas que te apresuraras a socorrerme iluminando mis tinieblas y con mayor afán corría a tu Iglesia y se suspendía de la boca de Ambrosio bebiendo el agua que salta hasta la vida eterna (Jn 4, 14). Ella lo amaba como a un ángel de Dios, pues supo que debido a él había yo llegado a aquel estado de vacilante fluctuación por la cual presumía ella que habría yo de pasar de la enfermedad a la salud, después de atravesar ese subido peligro que los médicos llaman “crisis”.

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