Libro VI · Capítulo 5
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 2 de 3
2. Me persuadiste de que no eran de reprender los que se apoyan en la autoridad de esos libros que tú has dado a tantos pueblos, sino más bien los que en ellos no creen y, de que no debía yo hacer caso de ellos si por ventura me dijeren: “¿De dónde sabes tú que esos libros fueron comunicados a los hombres por el verdadero y veracísimo Espíritu de Dios?”. Porque en ese divino origen y en esa autoridad me pareció que debía yo creer, antes que nada, porque el ardor polémico de las calumniosas objeciones movidas por tantos filósofos como había yo leído y que se contradecían unos a otros no pudo jamás arrancar de mí la convicción de que tú existes, aunque yo no entienda cómo y de que en tus manos está el gobierno de las cosas humanas. A veces lo creía con fuerza y otras con debilidad; pero siempre creía que existes y que diriges la marcha de las cosas del mundo, aunque no sabía qué es lo que se debe pensar de tu sustancia o de los caminos que llevan a ti o apartan de ti.
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