Libro VI · Capítulo 6
Las confesiones · San Agustín de Hipona
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Con todo, es importante conocer cuál es la causa de nuestra alegría. Yo sé cuán grande es la diferencia que media entre la esperanza fiel y toda aquella vanidad. Pero esta distancia la había entre aquel beodo y yo. Más feliz que yo era él, no solamente porque podía expandirse en risas mientras a mí me desgarraba toda clase de cuidados, sino también porque él, con buena elección, había comprado su buen vino, mientras que yo buscaba una gloria vanidosa por medio de mentiras.
Muchas cosas dije entonces a mis caros amigos en esta línea de pensamiento y con frecuencia me preguntaba a mí mismo cómo me iba, sólo para tener que admitir que me iba mal; con esto me dolía y este dolor aumentaba mis males. Hasta el punto de que si algo próspero me venía al encuentro sentía fastidio de tenderle la mano, pues antes de yo tocarlo, se había desvanecido.
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