Libro VI · Capítulo 8
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 2
1. Alipio, siguiendo el camino de los honores de la tierra que tanto le habían ponderado sus padres, me precedió en el viaje a Roma, a donde fue para aprender el Derecho. Allí recayó de la manera más increíble en el increíble frenesí de los juegos gladiatorios. Pues, como manifestara su aversión y detestación por aquellos espectáculos, algunos entre sus amigos y condiscípulos a quienes encontró cuando ellos regresaban de una comilona, con amistosa violencia vencieron su vehemente repugnancia y lo llevaron al anfiteatro en días en que se celebraban aquellos juegos crueles y funestos. Alipio les decía: “Aunque llevéis mi cuerpo y lo pongáis allí no podréis llevar también mi alma, ni lograr que mis ojos vean semejantes espectáculos. Estaré allí, si me lleváis, pero ausente y así triunfaré de ellos y también de vosotros”. Mayor empeño pusieron ellos en llevarlo, acaso con la curiosidad de saber si iba a ser capaz de cumplir su palabra.
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