Libro VI · Capítulo 10
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 2 de 3
Una sola tentación tuvo que combatir y fue la que le vino de su afición a las letras; pues de haber cedido a las demandas del senador, con la paga que éste le ofrecía, se habría podido procurar ciertos códices que deseaba poseer. Pero atendió a la justicia y rechazó la idea; pensaba que a la postre más útil le era la justicia que le cerraba el paso que no la influencia de un poderoso que todo se lo permitía.
Poca cosa era eso; pero el que es fiel en lo poco lo será también en lo mucho (Lc 16, 10); y nunca será vana la palabra de verdad que nos vino de ti cuando dijiste: Si no habéis sido fieles con la riqueza mal habida ¿quién os encomendará la riqueza verdadera? Y si no habéis sido fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo que es vuestro? (Lc 16, 11-12).
Tal era entonces Alipio, unido a mí por estrechísima amistad. Ambos estábamos en la perplejidad y ambos nos preguntábamos qué género de vida teníamos que llevar.
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