Santos Apóstoles · Kindle

Libro VII · Capítulo 1

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 3 de 3

Letra pequeñaMedianaGrande

4. A la manera como el aire que hay sobre la tierra no es obstáculo para la luz del sol, pues ésta lo atraviesa y lo penetra sin rasgarlo ni despedazarlo, sino llenándolo todo, así pensaba yo que era penetrable la masa del cielo, del aire, del mar y aun de la tierra sólida; penetrable en todas sus partes, máximas y mínimas, para recibir tu presencia y que es tu presencia la que con oculta inspiración gobierna por fuera y dirige por dentro a todo cuanto creaste. Falsa era esta idea, pero no podía entonces tener otra.

Según ella, la parte mayor de la tierra cogía una parte mayor de ti y la parte menor, una menor y de tal manera estarían las cosas llenas de ti, que más presencia tuya hubiera en el voluminoso cuerpo del elefante que en el diminuto de los pajaritos, teniendo así tu presencia que ocupar más o menos lugar. Con el resultado de que tú dividirías tu presencia en fragmentos; unos grandes para los cuerpos grandes y otros pequeños para los cuerpos pequeños.

Ahora bien, esto no es así. Pero tú no habías iluminado aún mis cerradas tinieblas.

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