Santos Apóstoles · Kindle

Libro VII · Capítulo 7

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

1. Ya me habías tú, Señor, que eres mi auxilio, soltado de aquellas cadenas, pero seguía yo preguntándome con insistencia de dónde procede el mal y no encontraba solución alguna. Pero tú no permitías que el ir y venir de mis pensamientos me apartara de la firme convicción de que tú existes y de que tu ser es inmutable. Creía también que eres el juez de los hombres y que tu providencia cuida de ellos y que pusiste el camino de la salvación para todos los hombres en tu Hijo Jesucristo y en las santas Escrituras que recomienda la autoridad de la Iglesia Católica. Creía asimismo en la vida futura que sigue a la muerte corporal. Firmemente establecidos y arraigados en mi alma estos puntos de fe, seguía yo agitando en mí el problema del mal. ¡Qué tormentos pasó mi corazón, Señor, qué dolores de parto! Pero tu oído estaba atento, sin que yo lo supiera y mientras yo buscaba en silencio, clamaba a tu misericordia con fuertes voces mi desolación interior.

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