Santos Apóstoles · Kindle

Libro VII · Capítulo 9

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 4 de 4

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4. Por eso, leí también que tu gloria incorruptible había sido trocada en imágenes de hombres corruptibles y aun de aves, animales cuadrúpedos y serpientes. Ese era el alimento egipcio por el cual perdió Esaú su primogenitura; porque tu pueblo primogénito adoró en lugar tuyo la cabeza de un cuadrúpedo, convirtiendo a Egipto en su corazón (Ex 32, 9) e inclinando su alma, hecha a tu imagen, ante la imagen de un becerro que come hierba (Sal 105, 20). Tales pastos hallé en aquellos libros, pero no los comí; porque te plugo, Señor, quitar de Jacob el oprobio de su disminución, de modo que el mayor sirva al menor y llamaste a los gentiles a tener parte en tu heredad.

5. Y yo, que vine a ti entre los gentiles, había puesto mi atención en aquel oro que quisiste que tu pueblo sacara de Egipto y que sería tuyo dondequiera que estuviese (Ex 11 y 30). Y a los atenienses les dijiste por boca de tu apóstol que en ti vivimos, nos movemos y somos, como algunos de ellos habían dicho (Hch 17, 28). Y ciertamente de allá procedían aquellos libros. No puse pues los ojos en los ídolos egipcios fabricados con tu oro por los que cambian la verdad de Dios por la mentira y adoraron y sirvieron a la criatura en vez de al creador (Rm 1, 25).

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