Libro VII · Capítulo 19
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 2 de 2
2. Pero yo, teniendo por veraces esos escritos, reconocía en Cristo a un hombre completo. No solamente un cuerpo humano o un alma en ese cuerpo pero sin inteligencia, sino un hombre completo y verdadero. Cristo no era para mí la Verdad personal; pero sí veía en Él una incomparable grandeza y excelencia debida a su más perfecta participación en la sabiduría. Alipio pensaba que la fe de los católicos predicaba que en Cristo no había, aparte de Dios y el cuerpo, un alma y una mente de hombre. Y como aceptaba bien en firme lo que había oído y guardaba en la memoria y como pensaba que tales cosas no son posibles sino en un ser dotado de alma y de razón, caminaba con tardos pasos hacia la fe cristiana. Pero cuando más tarde se enteró de que tales enseñanzas eran la herejía de los apolinaristas, se alegró sobremanera y se entregó sin reticencias a la fe católica.
Confieso que sólo más tarde fui capaz de distinguir la mucha diferencia que media entre el error de Fotino y la fe católica a propósito de que “el Verbo se hizo carne”. Porque la discusión de las herejías pone en relieve cuál es el verdadero sentir de tu Iglesia y cuál es la doctrina verdadera. Era necesario que se produjesen las herejías para que los fuertes en la fe se distinguieran de los débiles en la fe (1Co 11, 19).
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