Santos Apóstoles · Kindle

Libro VII · Capítulo 21

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 2

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2. ¿Qué hará pues el hombre mísero? ¿Quién lo libertará de su cuerpo de muerte sino tu gracia por Jesucristo, Señor nuestro? (Rm 7, 24-25). Jesucristo, a quien engendraste coeterno contigo y a quien creaste en el principio de tus caminos (Pr 8, 22); en el cual un príncipe de este mundo no halló causa de muerte (Jn 14, 30) y, sin embargo, lo hizo matar y con esa muerte fue destruido el decreto que nos era contrario (Col 2, 14).

Nada de esto dicen los libros de los platónicos, ni en sus páginas se encuentra este rostro de piedad, ni las lágrimas de la confesión, en las que tú ves el sacrificio de un corazón contrito y humillado (Sal 50, 19); nada dicen de la salud del pueblo, ni de la ciudad desposada, ni de las primicias del Espíritu Santo y el cáliz de nuestra salud. Nadie canta en ellos “mi alma está sujeta al Señor de quien viene mi salud. Porque Él es mi Dios y mi salvación; Él me ha recibido y ya más no me moveré” (Sal 41, 2-3).

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