Libro VIII · Capítulo 1
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 4 de 4
Vanos son ciertamente todos aquellos hombres que no tienen conocimiento de Dios, y que de todas estas cosas y criaturas buenas que están viendo, no han podido llegar a conocer al que verdaderamente existe. Pero yo no estaba ya comprendido en el número de aquellos hombres vanos. Ya había pasado más adelante de aquella vanidad e ignorancia, y por la contestación de todas vuestras criaturas, había hallado que Vos erais nuestro Creador, juntamente con vuestro divino Verbo, por el cual creasteis todas las cosas, el cual eternamente dimanando de Vos es Dios que con Vos y el Espíritu Santo no hace más que un solo Dios verdadero.
Hay otra clase de gentes impías y pecadoras, que habiendo conocido a Dios no le glorifican como a Dios, ni le dan las gracias que le son debidas. También en esta impiedad había yo caído, pero vuestra diestra me recibió y levantó, y además de sacarme de aquel atolladero, me puso en lugar acomodado y propio para que convaleciese de tan peligrosa caída, porque me hicisteis saber aquella sentencia en que dijisteis al hombre: Mira que la piedad es verdadera sabiduría; y también aquella otra: No quieras parecer sabio, porque los que dicen que son sabios, ellos mismos se hacen necios. Por lo cual es cierto que ya había hallado aquella perla preciosa, que había de comprarse vendiendo cuanto tuviese, pero aún no me resolvía a ejecutarlo.
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