Libro VIII · Capítulo 5
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 4 de 4
En vano me deleitaba en vuestra ley con mi alma, que es el hombre interior, porque otra ley que reside en los miembros corporales repugnaba y contradecía a la ley de mi espíritu, y me llevaba cautivo a la del pecado, la cual estaba en los miembros de mi cuerpo. Porque ley es del pecado la fuerte violencia de una costumbre, que arrastra y sujeta al alma a pesar suyo, en justa pena de haber ella caído voluntariamente en aquella costumbre.
Pues hallándome en tan miserable estado, ¿quién me había de librar del cuerpo de esta muerte, sino vuestra divina gracia por los méritos de Jesucristo Señor nuestro?
Siguiente capítuloÚltimo tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.