Santos Apóstoles · Kindle

Libro VIII · Capítulo 5

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 4

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11. Este combate que yo experimentaba en mí mismo me hacía entender claramente aquella sentencia que había leído en el Apóstol, que refiere cómo la carne tiene deseos contrarios al espíritu y el espíritu los tiene contrarios a la carne. Yo, verdaderamente, era el que obraba en uno y otro deseo, pero más estaba yo en aquél que aprobaba en mí mismo, que en el otro, que en mí desaprobaba, por cuanto en éste mi voluntad no obraba con la misma eficacia, pues por la mayor parte más era padecerlo, con repugnancia y violencia, que ejecutarlo espontáneamente. Pero es cierto que yo había sido la causa de estas superiores fuerzas que la costumbre tenía contra mí, pues queriendo yo, había llegado a un estado en que no quisiera hallarme. Y siendo esto así, ¿cómo pudiera con razón quejarme del estado en que me veía, siendo una pena justa que corresponde al que peca?

Ya no me podía valer aquella excusa con que antes solía persuadirme a mí mismo que el no acabar de despreciar el mundo y dedicarme a serviros consistía en que aún no estaba cierto de haber hallado la verdad, porque entonces ya lo estaba. Mas atado todavía a las cosas de la tierra, rehusaba alistarme en vuestra sagrada milicia; y tanto temía el librarme de todos los impedimentos que me lo estorbaban cuanto debiera temer el no estar libre de ellos.

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