Santos Apóstoles · Kindle

Libro VIII · Capítulo 8

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 3 de 3

Letra pequeñaMedianaGrande

20. Finalmente, entre las ansias que padecí en aquel tiempo que tardé en resolverme, ejecuté con los miembros de mi cuerpo muchas y variadas acciones, que algunas veces quieren los hombres ejecutarlas y no pueden, o porque les faltan aquellos miembros, o porque los tienen aprisionados, o sin bastantes fuerzas por alguna enfermedad, o por tenerlos de cualquier modo impedidos. De modo, que si en aquel lance me arranqué los cabellos, si me herí la frente, si con las manos cruzadas me apreté las rodillas, fueron acciones que las hice por querer yo hacerlas; y pudo haber sucedido que quisiese ejecutarlas y no las ejecutase, porque los brazos y manos con que las había de ejecutar no me obedeciesen. Hice, pues, entonces muchísimas acciones, no obstante que no era lo mismo el querer, que el poder hacerlas; y no hacía lo que me agradaba mucho más que todo aquello sin comparación alguna, siendo así que luego que hubiera querido, hubiera podido también ejecutarlo, porque era imposible que no quisiese lo que efectivamente quería; y respecto de los actos de la voluntad, lo mismo es el querer que el poder, pues aun el mismo acto de querer ya es hacer y ejecutar; con todo eso no se hacía en aquella ocasión lo mismo que quería mi voluntad.

De modo que más fácilmente obedecía el cuerpo a la más leve insinuación del alma, moviéndose todo él luego al punto a su mandato, sin resistencia ni dilación alguna, que ella propia se obedecía a sí misma en cumplir aquella grande e importante voluntad, que solamente con su voluntad misma había de cumplirse y perfeccionarse.

Siguiente capítulo

Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.