Santos Apóstoles · Kindle

Libro VIII · Capítulo 9

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

Pues ¿de qué proviene este desorden monstruoso?, o ¿cómo sucede esto? Manda el alma, repito, que ella misma quiera esto o aquello, y no lo mandaría si no lo quisiera; con todo eso no se hace lo que manda. Pero el caso es que eso mismo que ella quiere, no acaba de quererlo entera y perfectamente, con que tampoco entera y perfectamente lo manda. Porque en tanto lo manda, en cuanto lo quiere; y en tanto deja de hacerse lo que manda, en cuanto ella no lo quiere. La voluntad es la que manda que haya voluntad de aquello que manda, y no que haya otra voluntad que sea distinta de ella, sino ella misma. Con que se conoce claramente que la voluntad que manda así, no es completa ni cabal; por eso no se hace lo que manda. Porque si fuera la voluntad entera y perfecta no tendría que mandar querer, porque esta voluntad actual o este querer ya estaría hecho, ya lo habría.

Con que no es monstruosidad querer en parte y en parte no querer, sino que ésta es flaqueza y debilidad del alma, que por estar sobrecargada de su costumbre antigua no acaba de levantarse hacia donde la guía y eleva la verdad; así, tiene como dos voluntades, porque ninguna de ellas es total y perfecta; de modo que el ser que tiene la una es precisamente el ser que falta a la otra.

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