Santos Apóstoles · Kindle

Libro VIII · Capítulo 10

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 5 de 5

Letra pequeñaMedianaGrande

Es preciso confesar lo mismo poniendo el ejemplo en varias voluntades de objetos buenos. Porque si yo les pregunto si es bueno divertirse un hombre en leer al Apóstol; si será bueno entretenerse en cantar con devoción algún salmo; y finalmente, si será bueno también conferenciar y tratar de las verdades del Evangelio, me responderán que es bueno emplearse en cualquiera de estas cosas. Pues si todas estas cosas se propusiesen a un tiempo e igualmente se aficionase la voluntad de todas ellas, ¿no es cierto que son otras tantas voluntades, que tendrán como partido el corazón del hombre todo aquel tiempo que tardare en determinar lo que ha de escoger y seguir? Con que todas estas voluntades son buenas; y no obstante pelean entre sí, hasta que el hombre escoja una cosa sola, a la cual se determine toda la voluntad, hecha ya una, la que antes estaba dividida en muchas.

Lo mismo sucede cuando por una parte el deseo de los bienes eternos eleva nuestro corazón hacia el cielo y, por otra, el deleite de los bienes temporales le abate hacia la tierra, porque entonces el alma que quiere lo uno y lo otro es una misma, pero ni lo uno ni lo otro lo quiere con toda su voluntad; por eso se siente despedazar cruelmente, ya por la verdad que la incita a que anteponga aquello primero, ya por la costumbre que le impide que deponga lo segundo.

Siguiente capítulo

Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.