Santos Apóstoles · Kindle

Libro IX · Capítulo 2

Las confesiones · San Agustín de Hipona

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2. También determiné, habiéndolo considerado delante de Vos, que me convenía dejar la cátedra de retórica que regentaba, pero no luego al punto y arrebatadamente, sino irme poco a poco retirando de aquella ocupación, en que con el ministerio de mi lengua hacía comercio de la locuacidad, para que de allí adelante no comprasen de mi boca las armas de la elocuencia jóvenes estudiantes, que en lugar de aprovecharse de ellas para la observancia y cumplimiento de vuestra ley y para conservar vuestra paz, habían de emplearlas en cavilaciones engañosas explicando su furor en las contiendas de los tribunales.

A esta mi determinación favorecía la oportunidad, pues faltaban ya pocos días para las vacaciones de las vendimias. Resolví aguardar aquel poco tiempo para retirarme pública y solemnemente, y no volver a vender mi enseñanza y doctrina, después que me había rescatado vuestra gracia.

Este mi designio era solamente manifiesto a Vos y a los amigos y familiares que vivían conmigo, pero respecto a los demás estaba reservado. Todos nosotros habíamos convenido en que no se divulgase nuestro intento; no obstante que Vos, Señor, a los que ya íbamos subiendo desde este valle de lágrimas, y cantando alegremente el Cántico de los grados, que cantan los que suben hacia Vos, nos habíais armado y prevenido de las saetas agudas y encendidas ascuas que sirven para resistir a las lenguas engañosas de los falsos amigos, que so color de dar consejo se oponen a nuestros buenos intentos, y con pretexto de amarnos nos destruyen, así como acostumbra la lengua hacer con el manjar, que por quererlo, lo deshace y consume.

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