Libro IX · Capítulo 7
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 3 de 3
Infinitas gracias os sean dadas, Dios mío. Pero ¿cómo y hasta dónde habéis ido gobernando mi memoria, para que también os alabase y bendijese por estas cosas, que no obstante ser tan grandes y maravillosas, las había olvidado y omitido? Con todo eso, extendiéndose tanto la fragancia de vuestros olorosos ungüentos y aromas, no os seguía yo entonces todavía, ni corría tras de Vos. He aquí lo que me daba después más motivo de llorar entre los himnos y cánticos de vuestras alabanzas; en otro tiempo, antes de ahora, como quien suspiraba por Vos, pero ahora desahogado y como quien ya respira con tanta libertad como la que tiene el aire en una casa de heno.
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