Santos Apóstoles · Kindle

Libro IX · Capítulo 8

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 3 de 6

Letra pequeñaMedianaGrande

Por eso también ella cuidaba mucho de las hijas de sus amos, cuya educación le habían encargado. Para reprenderlas, cuando era menester, era áspera con una severidad santa; y para enseñarlas, moderada y suave con prudencia. Así, fuera de aquellas horas en que las niñas tomaban su alimento, muy corto y moderado, en la mesa de sus padres, aunque estuviesen abrasándose de sed, no les permitía beber ni aun agua sola, para que no tomasen alguna mala costumbre, añadiéndoles estas prudentes palabras: Ahora bebéis agua, porque no tenéis el vino a vuestra disposición; pero cuando lleguéis a estar casadas y seáis dueñas de las bodegas y despensas, os parecerá mal el agua, y la costumbre de beber se os quedará siempre. Con esta razón que presidía en lo que mandaba, y con la autoridad y poder que tenía para que ejecutasen lo mandado, conseguía refrenar los antojos de aquella edad más tierna, y arreglaba la sed de aquellas niñas a las leyes de la templanza, para que nunca les agradase lo que no fuese decoroso.

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