Santos Apóstoles · Kindle

Libro IX · Capítulo 11

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 3

Letra pequeñaMedianaGrande

27. Mas yo, Dios mío, considerando los dones que vuestra inescrutable providencia derrama invisiblemente en los corazones de vuestros fieles, haciendo que de allí nazcan frutos admirables, no podía menos de alegrarme y daros muchas gracias por lo que acababa de oír a mi madre, acordándome del gran cuidado que había tenido siempre de su sepulcro, y cómo lo tenía ya prevenido y preparado junto al de su marido. Porque habiendo vivido los dos con grande unión y concordia, quería también, como es propio de un alma que todavía no está perfectamente capaz de las cosas divinas, que se añadiese a esta felicidad el que, después de su muerte, contasen los hombres cómo después de aquella peregrinación ultramarina le hubiese Dios concedido restituirse a su patria, para que la tierra de sus dos cuerpos se cubriese con la tierra inmediata y contigua de sus dos sepulcros. Como yo ignoraba cuánto tiempo había ya que vuestros dones habían llenado su corazón, y expelido de él un pensamiento tan vano como éste, me llenó de alegría y admiración lo que acababa de decirme. Es verdad que en aquel coloquio que tuvimos los dos a la ventana cuando me dijo: ¿Qué es lo que hago yo en este mundo?, no dio a entender de ninguna manera que tuviese ya deseo de morir en su patria.

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