Libro IX · Capítulo 13
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 2 de 5
34. Yo, pues, ¡oh alabanza mía, vida mía, Dios de mi corazón!, dejando ahora aparte todas las buenas obras de mi madre, por las cuales os doy muchas gracias con gran gusto mío, os pido ahora el perdón de sus pecados. Concedédmelo, Señor, por los méritos de Jesucristo, que murió pendiente del árbol de la cruz, que fue el remedio universal de todas nuestras llagas, y ahora, sentado a vuestra diestra, no cesa de interceder por nosotros. Yo sé que ella ejercitó las obras de misericordia y que perdonó muy de corazón a todos los que la habían ofendido, pues Vos, Señor, perdonad también a ella sus deudas, si contrajo algunas en tantos años como vivió después que fue lavada en el agua saludable del Bautismo. Perdonadla, Señor, perdonadla, os ruego, y no entréis con ella a juicio. Sobresalga, Señor, vuestra misericordia sobre vuestra justicia, ya que no puede faltar la verdad de vuestras palabras, y Vos habéis prometido tener misericordia con los que han sido misericordiosos. Si ellos lo fueron, a vuestra misericordia deben el haberlo sido y, como dice vuestro apóstol Pablo: Tendréis misericordia de los mismos con quienes antes habéis sido misericordioso y daréis vuestra misericordia a aquéllos con quienes queráis usarla.
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