Libro X · Capítulo 10
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 2
17. Cuando oigo decir a alguno que acerca de cualquiera cosa se pueden hacer tres distintas cuestiones, a saber: Si ella es, qué ser tiene y qué tal es; es cierto que conservo en mi memoria las imágenes de los sonidos con que se formaron y pronunciaron estas palabras; también sé que los tales sonidos, pasando por los aires, se disiparon y desvanecieron enteramente, de modo que ya no existen; pero las cosas significadas por aquellas voces no pude tocarlas ni percibirlas por algunos de mis sentidos corporales, ni tampoco las vi en parte alguna, sino en mi alma: yo guardé en mi memoria, no las imágenes de aquellas cosas, sino a ellas mismas; mas por dónde entraron en mi alma, ellas solamente lo han de decir, si pueden.
Por más que recorra y examine bien todas las puertas de mis sentidos, no encuentro por cuál de ellas puedan haber entrado, porque los ojos dicen: Si tienen algún color, nosotros fuimos los que dimos noticia de ellas; los oídos dicen: Si hicieron algún sonido, nosotros te las mostramos; el olfato dice: Si fueron olorosas, por aquí solamente habrán pasado. También el sentido del gusto dice: Si no tienen algún sabor, no hay que preguntarme a mí; el tacto dice: Si no es alguna cosa corpulenta, yo no he podido tocarla; si no la he tocado, tampoco puedo dar noticia de ella.
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