Libro X · Capítulo 17
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 2 de 2
Pues ¿qué me resta hacer? Decídmelo Vos, Dios mío, que sois mi vida constante y verdadera. Subiré más arriba de esta potencia de mi alma, que llamamos memoria: pasaré por ella subiendo más arriba para llegar a Vos, deliciosa luz de mi alma. ¿Qué me decís Vos, Señor? Ya veis que por los grados de mi alma voy subiendo hacia Vos, que sois superior a mí. Subiré, pues, más arriba de esta potencia que llamamos memoria, deseando tocar con mi conocimiento vuestro Ser, por donde puede tocarse, y unirme a Vos, por donde y como esta unión pueda conseguirse. También las bestias y las aves tienen su memoria, sin la cual no sabrían volverse á sus guaridas y nidos, ni hacer ni repetir otras muchas acciones a que están acostumbradas, porque ni aun pudieran acostumbrarse a cosa alguna si no tuvieran memoria.
Pasaré, pues, más arriba de mi memoria, para llegar a aquel Ser soberano que me hizo diferente de los brutos y me hizo más sabio que las aves del cielo. Más arriba de mi memoria he de subir; pero ¿dónde os hallaré, dulzura soberana, segura y verdadera?, ¿en donde os hallaré? Porque si os he de hallar más allá de mi memoria y fuera de ella, no me acordaré de Vos. Y si no me acuerdo de Vos, ¿cómo os he de hallar?
Siguiente capítuloÚltimo tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.