Libro X · Capítulo 19
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 2 de 2
Pero este nombre olvidado que se nos recuerda, ¿de dónde viene o sale sino de la misma memoria? Porque, aun cuando alguno nos lo recuerde, de nuestra memoria proviene que le reconozcamos: no le oímos como un nombre nuevo, que entonces aprendamos, sino que nos acordamos del que habíamos oído otras veces; aprobamos que éste, que entonces se nos dice, es el nombre que aquella persona tiene, pero si enteramente se borra de la memoria, aunque otro nos lo quiera recordar, y nos sugiera aquel nombre, no nos acordamos de él absolutamente: no olvidamos enteramente lo que mediante el aviso de otro nos recuerda haberlo olvidado; es imposible que buscáramos una cosa que habíamos perdido si enteramente la hubiéramos olvidado.
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