Libro X · Capítulo 21
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 3
30. ¿Por ventura está en nuestra memoria la bienaventuranza así como lo está la ciudad de Cartago en la del que alguna vez la ha visto? No por cierto, porque la vida bienaventurada no se ve con los ojos, pues no es cuerpo. ¿Acaso la tenemos en nuestra memoria como tenemos los números? Tampoco es de este modo, porque el que tiene conocimiento de los números no desea ya ni solicita alcanzarlos.
¿Acaso nos acordamos de la bienaventuranza como nos sucede con la elocuencia? Tampoco, pues aunque al oír ese nombre, es cierto que se acuerdan de la elocuencia aun aquellos que no son elocuentes, y muchos que desean serlo (de donde se infiere claramente que tenían noticia y conocimiento de lo que es elocuencia), pero les ha venido esa noticia por los sentidos corporales, viendo u oyendo a otros que eran elocuentes, de lo que provino el aficionarse a la elocuencia y darse a conseguirla (aunque es verdad que, si no tu vieran interiormente noticia, no tendrían ese gusto y afición, y faltándoles la afición y el gusto a la elocuencia, tampoco tendrían deseo de alcanzarla); pero la vida bienaventurada no la hemos experimentado en hombre alguno por informe de los sentidos.
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