Libro X · Capítulo 21
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 2 de 3
¿Será por ventura del modo con que nos acordamos de la alegría? Puede que sea así, porque así como estando triste puedo acordarme y me acuerdo de mi alegría pasada, así aunque esté en la mayor infelicidad y miseria puedo acordarme de la vida feliz y bienaventurada. Además de esto se parecen también en que tampoco ninguno de mis sentidos corporales percibe jamás mi gozo o alegría, pues ni la vi, ni la oí, ni la olí, ni la gusté, ni la palpé; solamente la sentí o experimenté en mi alma cuando tuve aquella alegría: su especie y noticia quedó impresa en mi memoria, para poder acordarme de dicha alegría, unas veces para aborrecerla y otras para desearla, según la diversidad de objetos de que recuerde haberme alegrado. Si ahora me acuerdo de alguna alegría que tuve causada de objetos torpes, la detesto y abomino; y si, por el contrario, me acuerdo de la que tuve nacida de cosas buenas y honestas, deseo volver a tenerla o continuarla, no obstante que acaso ya no existan ni estén presentes aquellas cosas u acciones, y por eso no me acompaña la tristeza cuando hago memoria de esta alegría pasada.
31. Pues ¿dónde y cuándo experimento yo mismo mi vida bienaventurada, para que me acuerde de ella, y la ame y la desee? Ni en esto soy yo solo, o tengo pocos que me acompañen, sino que todos deseamos ser bienaventurados, lo cual no apeteceríamos con una voluntad tan firme y determinada si no la conociéramos con certeza y no tuviéramos de ella cierta y segura noticia.
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