Libro X · Capítulo 23
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 3 de 3
34. Amando todos la vida bienaventurada, que no es otra cosa sino la alegría que se tiene de la verdad, ¿por qué causa la verdad engendra odio en los hombres, y aun vuestro Hijo Jesucristo se hizo enemigo de ellos porque se la predicaba? La causa de esto no puede ser otra sino que de tal modo se ama la verdad, que aun aquéllos que aman otra cosa muy distinta quisieran que fuese la verdad aquello que aman; y como por otra parte no quieren ser engañados, tampoco quieren verse convencidos de que lo son. Así, pues, aquella misma cosa que tienen por verdad, y como a tal la aman, es el motivo de que aborrezcan la verdad. Aman la verdad en cuanto resplandece o ilumina, pero la aborrecen en cuanto los acusa y reprende, y como ellos no quieren ser engañados, pero quieren engañar a otros, aman la verdad cuando ella se descubre o manifiesta a sí misma, pero la aborrecen cuando los descubre o los manifiesta a ellos. Así, pues, la correspondencia que tendrían de la verdad será que a los que no quieren que los descubra y manifieste, los manifestará y descubrirá, aunque ellos no quieran, sin que la misma verdad se descubra y manifieste a ellos. Así es también puntualmente el espíritu del hombre que quiere ocultar su ceguedad, sus achaques, su fealdad, sus indecencias, y no quiere que a él se le oculte cosa alguna; pero sucede al contrario, que él queda descubierto para la verdad, y la verdad queda oculta para él; no obstante este estado de miseria en que se halla, más quiere gozar y alegrarse de bienes sólidos y verdaderos, que de aparentes y falsos. Luego será verdaderamente bienaventurado si, libre de toda molestia, no hallase ya alegría sino en la Verdad suprema, de quien participaron su verdad todas las otras cosas verdaderas.
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