Santos Apóstoles · Kindle

Libro X · Capítulo 28

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

¿Quién hay que ame las molestias y trabajos? Vos, Señor, mandáis que las suframos, no que las amemos. Ninguno ama aquello que sufre y tolera, aunque tenga amor a tolerarlo y sufrirlo. Pues aunque alguno se alegre de que tolera y sufre, pero no obstante, más quiere que no haya que sufrir y tolerar. Cuando padezco cosas adversas, deseo las prósperas, y cuando estoy en posesión de las prósperas, estoy temiendo las adversas. ¿Qué medio puede hallarse entre estos dos contrarios, donde la vida humana deje de ser probada y combatida de semejantes afectos? Arriesgadas son las prosperidades del siglo de una y dos maneras: ya por el temor de la adversidad, ya por la corrupción de la alegría. Arriesgadas son también las adversidades del siglo de una, dos y tres maneras: ya por el deseo de la prosperidad, ya porque la adversidad misma es áspera y penosa, ya porque en ella peligra la paciencia. Pues siendo esto así, ¿cómo podrá dudarse que la vida del hombre sobre la tierra sea una tentación continuada sin intermisión alguna?

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