Libro X · Capítulo 30
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 2 de 3
¿Dónde está entonces mi razón y entendimiento, que estando en vela resiste a semejantes sugestiones con tal fuerza que, aunque las mismas cosas reales y verdaderas se me pongan delante, no bastan a conmoverme?, ¿acaso se cierra también la razón al mismo tiempo que se cierran los ojos para dormir?, ¿acaso ella se duerme juntamente con los sentidos del cuerpo? Además, ¿en qué consiste que muchas veces aun entre sueños resistimos también a semejantes sugestiones, y acordándonos de nuestro propósito en orden a la castidad, perseveramos firmemente en él, y no damos consentimiento alguno a tales deleites halagüeños y engañosos? Con todo, hay en esto tan grande diferencia de nosotros a nosotros mismos, que cuando en el sueño ha sucedido al contrario, en despertando volvemos a tener quieta y sin remordimientos la conciencia; y en esta misma diferencia conocemos que no hicimos nosotros aquello que entre sueños se ejecutó en nosotros y, fuese como fuese, lo sentimos y desaprobamos.
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