Santos Apóstoles · Kindle

Libro X · Capítulo 31

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 6

Letra pequeñaMedianaGrande

44. Vos, Señor, me habéis enseñado que debo usar de los alimentos del mismo modo que de los medicamentos, pero cuando he de pasar desde la molestia que ha causado en mí el hambre y necesidad a la quietud que causa la comida, en este mismo paso tiene armados contra mí sus lazos el apetito. Porque este mismo pasar desde el hambre al alimento es deleite y gusto, y no hay otro medio por donde pasar a aquel extremo, al cual nos obliga la necesidad a que pasemos. Y siendo la salud el motivo de que comamos y bebamos, se le junta como criada o sierva la delectación peligrosa, y muchas veces quiere ella ir delante como principal, para que se haga por causa de la delectación lo que digo que hago o quiero hacer por conservar mi salud. Pero no tiene la una la moderación que tiene la otra, pues lo que para la salud es bastante es poco para el deleite. Muchas veces no se sabe con certeza si es el cuidado necesario de nuestro cuerpo el que pide el manjar para su socorro, o si es el deleitoso engaño de nuestro apetito el que lo solicita, aunque fuera superfluo: la pobre infeliz alma se alegra con esta incertidumbre, y en ella misma tiene preparada o su defensa o su excusa, alegrándose de no saber con certeza cuánto sea lo bastante para el régimen y conservación de la salud, o cuánto para que ésta sirva de pretexto, cuando realmente es cumplir el deleite y apetito.

Éstas son tentaciones cotidianas que procuro resistir todos los días, e invoco vuestra mano poderosa para que me saque a salvo: os refiero las dudas y congojas de mi alma, porque no sé todavía lo que debo practicar en esta materia.

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