Santos Apóstoles · Kindle

Libro X · Capítulo 34

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 4 de 4

Letra pequeñaMedianaGrande

Pero yo, Dios mío y gloria mía, aun de estas cosas saco nuevos motivos de cantaros alabanzas y hago sacrificio de ellas a quien me santifica, porque sé muy bien que todas las hermosas ideas que desde la mente y alma de los artífices han pasado a comunicarse a las obras exteriores, que labran y fabrican sus manos artificiosas, dimanan y provienen de aquella soberana hermosura que es superior a todas las almas, y por la que mi alma continuamente suspira de día y de noche. Los mismos artífices que fabrican y aman estas obras tan delicadas y hermosas, toman y reciben de aquella hermosura suprema el buen gusto, idea y traza de formarlas, pero no aprenden ni toman de allí el modo con que debieran usar de ellas. No le ven, aunque también está allí este modo justo, para que no tengan que ir a buscarle más lejos y para que ordenen a Vos todas las fuerzas de su habilidad e ingenio, y no las malgasten y disipen en deleites fatigosos.

Yo mismo, hablando ahora de estas cosas, y mostrando tener conocimiento de ellas, también parece que detengo el paso, como enredado en estas hermosuras; pero Vos, Señor, me desprendéis de estos lazos, Vos me sacáis libre de ellos, porque siempre miro a vuestra misericordia y la tengo delante de mis ojos. Confieso que también caigo en el lazo de estas cosas con mi fragilidad y miseria; pero Vos me sacáis de él con vuestra misericordia, unas veces sin que yo lo conozca ni lo advierta, porque fue poco a poco y muy leve la caída, y otras veces me libráis de modo que sienta algún dolor, porque ya mi corazón estaba adherido a alguna cosa y tenía algún apego a ella.

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