Santos Apóstoles · Kindle

Libro X · Capítulo 37

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 5

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Para carecer de las alabanzas, y hacer entonces experiencia de si sentimos o no su falta, ¿por ventura hemos de vivir mal y desordenadamente, y ser tan perdidos, crueles y desalmados, que cuantos nos conozcan, nos abominen y digan mal de nosotros?, ¿qué mayor locura puede pedirse o pensarse? Pues si la alabanza suele y debe ser compañera inseparable de la buena vida y de las buenas obras, así como no debemos dejar la vida y costumbres buenas, tampoco podemos abandonar el acompañamiento que llevan de las alabanzas. Ello es cierto que sólo careciendo de una cosa es cuando puedo conocer y experimentar si siento el que me falte o no lo siento.

61. Pues, Dios mío, ¿qué confesión es la que puedo haceros de lo que me sucede con este género de tentación, sino que me deleitan las alabanzas, aunque más me deleito con la verdad que con ellas? Si me propusiera cuál de estas cosas quería más, o ser un hombre furioso y desatinado, que no obraba con rectitud y acierto en materia alguna, pero no obstante era muy alabado de todos los hombres, o por el contrario, verme vituperado de todos, siendo yo cuerdo y juicioso, y teniendo verdadera ciencia y sabiduría, que es certísimo conocimiento de la verdad, veo claramente lo que en tal caso había de escoger.

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