Libro X · Capítulo 40
Las confesiones · San Agustín de Hipona
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Esto mismo lo hago también ahora muchas veces; y esto es lo que me deleita, y así, cuando puedo eximirme de las ocupaciones que me son precisas y necesarias, me refugio a este deleite. Porque en ninguna de estas cosas, que he estado recorriendo y consultando con Vos, hallo un lugar seguro para mi alma sino en Vos, que sois el único donde caben y pueden reunirse todos los afectos de mi voluntad, que han estado esparcidos por las criaturas, de modo que ninguno de ellos se aparte jamás de Vos.
También algunas veces hacéis que en lo interior de mi alma prorrumpa en un afecto de amor muy extraordinario, que me lleva a una incomprensible dulzura, la cual, si enteramente se me comunicara, sería una cosa que no puedo comprenderla, pero sé que sería muy superior a todo lo de esta vida. Con el peso de mis miserias vuelvo a dar en estas cosas terrenas, donde mis ocupaciones acostumbradas por todas partes me rodean, quedando como sumergido en ellas y como aprisionado; mucho lo siento y lloro, pero también lo que me estorban y detienen es mucho. ¡Tanto es lo que nos agobia la pesada carga de una costumbre! Como en este último estado puedo permanecer, pero no quiero, y en aquel otro quiero perseverar, pero no puedo, vengo a ser infeliz en uno y otro.
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